El forjado isotérmico es una categoría especial dentro de los procesos de forja en la cual la temperatura de los troqueles es significativamente superior a la utilizada en procesos de forja convencional. Concrétamente, la temperatura de los troqueles es la misma que la de las piezas a forjar. Este proceso permite utilizar tiempos extremadamente lentos de deformación, lo que a su vez produce piezas limpias e uniformes, en las cuales casi no es necesario un proceso posterior de mecanizado, quedando listas para su uso en muchos casos.
El principal criterio para seleccionar este proceso de conformado es la ventaja económica que ofrece debido a la reducción de entrada de material y/o la reducción del mecanizado posterior. Por eso es usado principalmente en aleaciones caras y difíciles de mecanizar como aleaciones de titanio[1] o de base níquel.
Las principales ventajas son las siguientes:
En los procesos convencionales de forja, los troqueles se calientan de 95º a 205ºC en las operaciones de martilleado y de 95º a 425ºC en las operaciones de prensado. Estas temperaturas son significativamente inferiores a los 760 a 980ºC utilizadas en aleaciones de titanio y los 980º a 1205ºC utilizadas para las piezas de aleación de base níquel y aceros. Estas operaciones de forjado convencional son ejecutadas a altas velocidades, generando altas tensiones. Por lo que el forjado de estas aleaciones con metodos convencionales está caracterizado por altas cargas de forjado, múltiples operaciones de forjado y algunas veces roturas de material. Estos procesos convencionales con troqueles fríos producen un gradiente de temperaturas que van desde la superficie al centro de la pieza, causando una variación de la microestructura, siendo diferente la del centro a la de la superficie.
